BITTER CAS.
El
pasado domingo 16 de octubre de la presente temporada 2016/17, nos enfrentamos,
como locales, al potentísimo equipo CAS GÓMEZ FERIA, de Sevilla, los primeros
rankeados del grupo A de la 1ª División andaluza, y líderes de la misma, tras dos
rondas de competición.
Las
críticas por mi vertidas desde estas páginas, al respecto de los reventas,
surtieron efecto, y la directiva del club, en un gesto que le honra, declaró el
día como jornada de puertas abiertas.
Máxima expectación ante un choque ajedrecístico de altísima calidad. Se
rumoreaba que entre los asistentes estaban ojeadores profesionales en busca de
un nuevo genio del ajedrez. El preparador de Sergei Karjakin estuvo entre el
público, pero se negó a hacer declaraciones. Buscaba ideas, según pudimos
aventurar, para el repertorio de su pupilo.
Jugamos
contra el CAS, y resultó ser un Bitter CAS, como esa bebida de tonalidad rosada
y sabor amargo, cuya fórmula cumple hoy 50 años. ¿Coincidencia? Con mucho menos
hace Íker Jiménez un programa especial. En cualquier caso, nos tocó en liza un
quinteto cuya media de elo (2121) es más alta que nuestro primer tablero
(2120), y 237 puntos de desnivel por tablero. En calidad de capitán, casi
estuve a punto dirigirme a nuestros rivales diciéndoles: crujinazo no se vale. Y aún así, casi casi…
En
la mesa 1, el incombustible Carlos López, aguerrido jugador, supo fajarse y de
qué manera, contra un rival temible, Luís Esquivias, quien apretó y de lo lindo
a Carlos, quien supo resolver los problemas de falta de espacio en su posición
y casi de modo agónico, neutralizar cualquier ventaja de su rival. El resultado
de tablas es, reconozcámoslo, justo. Ajedrez de alta escuela, sin duda, el que
protagonizaron ambos primeros espadas.
En
la mesa 3, Carlos Ruíz, se vio las caras
con Ángel Delgado, un jugador que le aventajaba en 215 puntos de elo. Carlos no
quedó bien en su partida y un error de valoración le llevó a sacrificar pieza
por dos peones pasados y ligados, pero que no eran sostenibles. Entonces, una vez
perdidos, logró encontrar el único final resultante en el que había
posibilidades de entablar. ¡Y lo logró! Con pieza de menos y frente a un 2109,
vio más y mejor que él, hasta que este comprendió que no podía ganar, porque
Carlos, le había metido en un final de caballos, en el que la pieza de más está
de adorno. ¡Qué envidia das!, Carlos.
En
la mesa 4, quien escribe, jugaba contra José Antonio Fernández, un jugador que
me sacaba 450 puntos de elo. ¡Y yo con estos pelos! Salí no solo bien, sino
mejor, de la apertura. Así me lo hizo saber también mi rival, quien en el
análisis post mortem, me confesó que estuvo con canguelo hasta la mitad de la
partida. La lástima es que para ganar a un jugador mejor, no basta con hacer
una buena partida, hay que jugar duro, consistente e impecable. Yo no lo hice.
Una imprecisión táctica en la que mi rival vio una jugada más que yo, hizo que
perdiese un peón, lo que en sí mismo no tenía que ser definitivo, pero todo el
edificio que había construido se vino abajo. La idea de transponer a un final
en el que yo jugaba a ganar no se podía hacer y desde entonces, sólo jugó él.
No cayó en nada de lo que le puse. Me resultó admirable verle calcular sin
confiarse, sin subestimarme ni sobrevalorarme. Me resultó digno de reconocimiento
y le felicito.
En
la mesa 5, Goro se las veía contra Miguel Ángel Roche, un jugador con 363
puntos más de elo que él. Nuestro compañero, una vez más, supo jugar su
partida. Dura y complicada, en la que logró hacerse con pieza de ventaja, si
bien, la actividad de las de su rival, compensaba dicha pieza, aunque no sé si
suficientemente. En cualquier caso, Goro, con las piezas negras supo gestionar
las posibilidades de su rival, y con frialdad, neutralizar cualquier problema,
para acabar logrando unas más que meritorias tablas.
En
la mesa 2, quedaba Álvaro Rodríguez, quien hizo una partida magnífica frente a
Mario Balbuena, quien no necesita presentación. El juego desplegado por Álvaro
fue muy bueno. En ningún momento se notó su falta de actividad. Salió bien de
la apertura, su posición era incluso favorable. Con un juego duro, y exigido
por mi derrota y que Carlos Ruíz llevaba
pieza de menos en ese momento, Álvaro
rechazó una oferta silente de tablas de Mario. Forzó para ganar, y llegó a
quedar mejor, infligiéndole un peón de dama aislado a su rival. Posteriormente,
castigó de forma magistral una imprecisión de Mario en el final.
Lamentablemente, un error inoportuno le privó a él de una merecida victoria, y
a nosotros de haber empatado el encuentro, frente a un equipazo.
La
nota dulce de la jornada la protagonizó el Gambito B, que ganó sin problemas su
compromiso ante El Molino F, por un contundente 4 a 0, lo que garantiza a dicho
equipo, su permanencia en la categoría, hecho que es muy importante, dado que
todo apunta a que el primer equipo se mantendrá en 1ª División andaluza. De
modo que nuestro club tendrá un equipo en cada categoría. Y es que donde estén
los buenos productos de Doñana ¿se va a poner un Bitter CAS? ¿Estamos locos?




